28 de Enero de 2021
 Enero  Febr.
 
28/01/2021 15:05
Ruth Beitia, la pasión por el deporte y el atletismo personificada

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La campeona olímpica Ruth Beitia es la protagonista de esta nueva entrega de ‘Zoombando a los Juegos’. La atleta cántabra se ha reunido con Alejandro Blanco, de manera telemática, para repasar su excelente carrera deportiva, contarle cómo fueron sus inicios, explicarle cómo es su día a día actualmente y mostrarle la pasión que siente por el deporte en general y por el atletismo en particular.

Después de confesarle al presidente del Comité Olímpico Español que está viviendo toda esta situación con “incertidumbre y muchísimo respeto”, Ruth ha echado la vista atrás y ha viajado en el tiempo para explicarle con detalle por qué empezó a hacer atletismo. Algo que no sorprende después de saber que es la pequeña de cinco hermanos y que todos ellos se dedicaron a este deporte.

“Empecé con seis, pero creo que mi primer recuerdo de la infancia es en una pista de atletismo. Soy la quinta de cinco hermanos, todos ellos han sido atletas y mi padre fue el primer juez de atletismo olímpico en Barcelona 1992. Ha sido una familia de deportistas, de atletas, y mis padres siempre creyeron que dentro de nuestra educación tenía que estar el deporte y, por supuesto, todos los valores que aporta”, cuenta con orgullo.

Y aunque la gran influencia fue su padre, a quien considera “el motor que nos ha llevado a conocer el mundo del deporte y, en este caso, del atletismo”, reconoce que su madre y su hermana Inma también jugaron un papel fundamental durante sus inicios: “Mi madre ha sido un apoyo increíble. Era ella quien nos llevaba a entrenar en bloque a los cinco. Y luego nos venía a recoger mi padre. Con la que más he coincidido ha sido con mi hermana Inma. Ella fue una de las pioneras, junto con Conchi Paredes, del triple salto en España. Y fue la primera internacional de la familia”.

Eso sí, la atleta tampoco se olvida de todos aquellos que la acompañaron en el camino cuando daba sus primeros pasos. “Mi primer club fue el Club España de Cueto, un club muy modesto de aquí de Santander y mi primer entrenador fue Juan Manuel de Blas. Falleció hace unos años, pero siempre ha estado muy pendiente de mí y siempre hemos tenido ese feeling. Su generosidad era increíble”, comenta con una gran sonrisa en la cara.


27 años de complicidad

Cuando la saltadora de altura tenía once años, comenzó a entrenar bajo las órdenes de Ramón Torralba y cambió las carreras de fondo y de campo a través por la pista. “Lo recuerdo como algo limpísimo. Cuando llegué a la pista ya no había barro y no tenía que limpiar las zapatillas en la bañera (ríe). Para mí era como un parque de atracciones, porque Ramón me enseñó todas las disciplinas del atletismo, saltaba, lanzaba, corría… un día hacía vallas, otro día longitud, y al final fue el salto de altura el que me eligió a mí”, asegura.

Y desde entonces se creó un binomio que los llevó a tocar la gloria. “Con once años me cogió de la mano para cumplir mis sueños y al final esos sueños han sido compartidos, porque hemos estado en cuatro Juegos juntos, hemos sufrido durante 27 años y, sobre todo, hemos recorrido un camino increíble. A mí me ha dado la oportunidad de ser la persona que soy y eso es gracias al deporte y a ese camino con Ramón”, explica Ruth.

De Atenas 2004 a Rio 2016

Pese a que en el año 2000 consiguió la mínima B para ir a los Juegos de Sydney, finalmente fue Marta Mendía, su compañera y mejor amiga, la elegida para representar a España, por lo que el objetivo de participar en unos Juegos Olímpicos se retrasó cuatro años más.


“Atenas fue la consecución del sueño. Un mes antes me hice un esguince con una roturilla parcial, pero cuando luchamos por un sueño nos recuperamos. No pude estar al 100%, pero sí cumplir el sueño de estar en unos Juegos Olímpicos, de desfilar y vivir en una villa olímpica”, cuenta con ilusión.

Tras el evento en Grecia, comenzaron a llegar los resultados. Primero la plata en el europeo de pista cubierta en Madrid y después el bronce en el Mundial de pista cubierta de Moscú. “Tengo platas, bronces e incluso creo que algún oro europeo. Tengo un problema bastante gordo, estadísticamente soy nula. No recuerdo donde competí en ese Mundial de pista cubierta en 2006. Lo que sí que sé seguro es que viví una maravillosa experiencia y aprendí para seguir luchando en la siguiente competición”, reconoce entre risas.

Y llegaron los Juegos de Pekín 2008. “Eran unos juegos espectaculares, en los que tenía la sensación de que podía estar en la final y luchando por un diploma. Y así fue. En ese momento quedé séptima, no salí nada contenta con mi resultado final. Pero hoy en día soy cuarta, por la lacra del dopaje que aún seguimos luchando y con la que tendremos que seguir luchando durante muchísimo tiempo. La sensación fue que quería más”.


Y consiguió más, aunque de nuevo, la lacra del dopaje la impidió disfrutar del éxito: “Cuatro años después llego a Londres con la sensación de que son mis últimos Juegos Olímpicos, de que estoy en el mejor momento de mi carrera deportiva. Acabo de ser campeona de Europa al aire libre por primera vez y llego con ganas y con hambre de conseguir una medalla. Una medalla que en aquel momento fue de chocolate, por mi cuarto puesto. Pero, hoy en día puedo decir que salí con la sensación de que era medalla y no lo fui. Aunque ahora sí lo sea. Algún día llegará e iré a recogerla de tus manos, Alejandro, con una ilusión increíble”.

Previamente, Ruth había anunciado que tras Londres 2012 se retiraría. Sin embargo, su pasión por el salto de altura le hizo regresar y disfrutar de cinco años más de carrera deportiva. Cinco años que le valieron para aplicar lo aprendido y continuar llenando de medallas su palmarés particular.

Una prórroga de oro

Y dentro de ese palmarés luce el mayor premio que cualquier deportista quisiera conseguir: la medalla de oro olímpica. “Buah, me entran ganas de llorar de alegría y se me ponen los pelos de punta cada vez que pienso en ese momento. La vida nos tenía preparado un sorpresón, tanto para Ramon como para mí. Fue la explosión de toda nuestra vida deportiva, de esos 27 años juntos”, cuenta muy emocionada.

“Soy una verdadera privilegiada. Desde que me he levantado cada día siempre he tenido las ganas de practicar atletismo y de saltar altura. Las ganas nunca me han faltado. No siempre salían las cosas como queríamos, pero nunca he dejado de tener esa motivación, esa alegría, esas ganas por conseguir mis objetivos. También te digo que nunca pensamos que fuese el oro, pero aun así luché como la que más”, añade con la voz rota.


Mundo laboral

Tras Rio llegó la retirada definitiva. Con 37 años, Ruth Beitia cuelga las zapatillas definitivamente y se centra en su labor como política. Sin embargo, la cosa no salió como esperaba. “Llevaba ya mucho tiempo en el mundo de la política, llevaba desde 2011 siendo diputada. Pero los últimos momentos los recuerdo como lo que no quiero ser como persona. Y hasta ahí puedo leer. Te puedo asegurar que he sido muy feliz en el mundo de la política, que el trabajo que he realizado ha sido increíble, sobre todo en dos vertientes: la discapacidad y el deporte. Pero ahí aprendí lo que no quiero ser como persona”, explica tajantemente.

Además, la campeona olímpica es diplomada en fisioterapia, aunque no ejerce de ello, y trabaja como docente en la Universidad Europea del Atlántico en Cantabria y en la Real Federación Española de Atletismo, algo que le apasiona. “Cada día sigo levantándome con ganas de ir a trabajar y poner en escena todo lo que he aprendido en mi vida como deportista. A mis alumnos les enseño esa pasión que tengo por el deporte y el atletismo. Creo que empatizo muchísimo con ellos. Es muy bonito sentir que es una asignatura que acaba gustando”, afirma.


Y aunque sigue haciendo deporte para mantenerse en forma, Ruth tiene una cosa clara: no echa de menos competir. “Echo de menos lo que engloba la competición, el viajar con la selección, el vestir los colores de España, sentir esa felicidad que no me provoca nada más que el estar frente al listón antes de saltar y el caer a la colchoneta, pero la vida ha sido muy generosa conmigo. Me retiré con 39 años después de una prórroga de cinco. No puedo echarlo de menos, sería muy egoísta por mi parte. Lo dejé en el momento preciso para que el deporte sea mi pasión”, concluye.

Tras más de media hora de conversación y antes de despedirse, Ruth Beitia le agradece a Alejandro Blanco su apoyo constante, a la vez que él le recuerda lo importante que es para el deporte español.

 





 


 

 
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